Liturgia, ecología e inculturación

Liturgia, ecología e inculturación

Este sínodo no se justifica sólo por su dimensión ecológica y social, sino también por sus implicaciones teológicas, pues hace tiempo se recuperó para la cristología, su dimensión cósmica. Si Cristo incluye en su obra redentora el universo material, entonces nuestra acción pastoral en favor del cosmos, es obligatoria.

Este principado de Cristo sobre la creación, nos conduce necesariamente a la dimensión cósmica de la liturgia, pues desde que Cristo se encarnó y resucitó cada criatura ha sido bañada con una luz nueva a tal punto que, aun la materia inanimada, por fuerza divina, es vehículo de grandiosos prodigios, decía San Gregorio de Nisa (“In Baptismum Christi” PG 46-0583).

Cada sacramento es presencia de Cristo, canal de la gracia, símbolo de la misma, evocación de un acontecimiento salvador, y es también cumplimiento del universo en Dios. Los sacramentos, al santificar materia del cosmos, realizan de modo anticipado lo que la creación anhela (Cfr. Rom. 8, 19-22) y adelantan la recapitulación del cosmos en Cristo (Cfr. Ef. 1, 9-10). La fuerza transformadora de la pascua ha alcanzado al agua, al aceite, al perfume, al amor humano y sobre todo al pan y al vino, llevándolos a su destino final; se ha anticipado para ellos la nueva creación (Cfr. Apoc. 21,1.5), han adquirido ya su restauración plena (cfr. Hch. 3,21). En cada sacramento que celebramos, la creación entera, es, a su manera, santificada.

No se trata de una divinización del universo, pues la reflexión magisterial ha dejado claro que la naturaleza divina no se fusiona ni se confunde con la materia; no obstante Dios, incomunicable en su esencia se comunica en sus manifestaciones haciéndonos entrar en el espacio de su comunión. Por esto, la celebración de la fe en la Amazonía, al buscar su justa inculturación, debe estar atenta para no rozar ni el animismo ni el panteísmo.

Como símbolos que son de la gracia, las celebraciones sacramentales en la Amazonía son susceptibles de asumir elementos que expresen sus particulares formas de belleza: lengua, música, ornato, danza, siempre y cuando, rito, materia y palabra evoquen, no sólo una realidad trascendente, sino el acontecimiento salvador de Cristo que se celebra.

Por tanto, si bien es cierto que los sacramentos coinciden a veces con etapas de la vida, ellos no son una versión cristiana de los ritos de paso presentes en los pueblos originarios y, si bien pueden encontrarse similitudes con algunos de sus mitos y relatos fundacionales, los sacramentos cristianos no son para evocar a los héroes de las etnias que servimos, sino a Cristo en su entrega de amor.

¡Qué bien sabe unir la Amazonía el signo del agua a la vida!, pero el bautismo no evoca el mito de la gran serpiente-río que genera vida por donde pasa, sino el misterio de las aguas que, santificadas por Cristo, provocan el nuevo nacimiento. ¡Que bien conoce la Amazonía el poder curativo y cosmético de sus aceites vegetales!, pero los óleos sacramentales no evocan a la princesa Iaça que dio origen a la palma de Asaí, sino a Cristo, el ungido con óleo de alegría. ¡Qué bien aprecia la Amazonía el casabe y la chicha (pan y licor), que al ser ingeridos comunican el espíritu de uno de sus héroes! pero la Eucaristía no evoca a Yuruparí o a Mani, de cuya tumba brotó la mandioca, sino a Jesucristo que en una cena con pan y vino se nos quedó realmente presente en ellos y nos comunica su vida.

Estas narraciones junto a la del árbol de la vida y otras muchas, son el punto de llegada de una tradición espiritual milenaria de los pueblos originarios, pero para quienes libremente han acogido la fe, se constituyen también en punto de partida para acoger la Revelación hecha Liturgia en la Amazonía. Caben aquí las palabras de San Clemente de Alejandría, quien afirmó, refiriéndose a los mitos de su tierra, que estos fueron una especie de antiguo testamento para su pueblo (Stromata VI 8, 67). De igual manera caben las palabras de San Justino, quien argumentando lo mismo, prefirió hablar de “semillas del Verbo”. Nuestro deber es asumir estas narraciones, pero como punto de partida para llegar luego a la verdad revelada plenamente en Cristo (Cfr. AG 11), que se expresa también de modo celebrativo.

 

Excmo. Monseñor Nelson Jair Cardona Ramírez.

Obispo de San José del Guaviare

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