El museo itinerante llegó a Istmina – Tadó para quedarse en el corazón del Pacífico.

19 Jun 2026

El parque Rafael Uribe Uribe se transformó en el escenario vivo del Museo Itinerante de Memoria Histórica de Entrelazando II. No fue una exposición más: fue un abrazo colectivo, un grito de resistencia tejido con la Comisión Diocesana REPAD, que desde la Jurisdicción Eclesiástica de Istmina-Tadó lleva años defendiendo la vida en el San Juan, el Pacífico norte y el sur chocoano.

El museo desplegó un auténtico arsenal de emociones: fotografías que congelan la valentía, afiches que cuentan historias, audios que susurran verdades y podcasts que narran lo que los expedientes oficiales nunca registrarán. Todo diseñado con materiales que desafían la lluvia pertinaz y la humedad del Pacífico, porque aquí la memoria se fortalece. En su recorrido, quedó claro que la paz no es un concepto abstracto; es el esfuerzo diario de más de 20 organizaciones étnico-territoriales que, durante dos años y medio, han sido el alma de este proyecto. Ellas nos enseñan que la reconciliación se construye con economías locales, canales de escucha, foros humanitarios y diálogos populares que nacen desde el corazón de los territorios.

Inspirado en el museo itinerante de la Diócesis de Palmira, esta versión chocoana inicia ahora un viaje imparable por todo el departamento y el Pacífico colombiano, llevando un mensaje claro: para quienes han vivido el conflicto en carne propia, otro futuro no solo es posible, sino que ya se está forjando.

En paralelo, el parque se llenó de olores, sabores y colores con una feria comunitaria que fue puro corazón. Los emprendimientos de las 10 organizaciones acompañadas durante los últimos 18 meses mostraron que del dolor también puede brotar la creatividad: desde los chorizos de atún que nacieron en Bahía Solano hasta los panderitos de Cantón de San Pablo, pasando por las artesanías emberá chamí, los arroces con longaniza de Condoto y textiles bordados con historia. Detrás de cada producto hay manos de mujeres y jóvenes que, en lugar de rendirse ante la guerra, decidieron dinamizar sus comunidades con proyectos que trascienden lo económico para tocar el alma de la región.

Este sueño compartido no habría sido posible sin el respaldo generoso de Cáritas Española y Cáritas Escocia, la entrega incondicional de los Bomberos de Istmina y la articulación cercana con la Alcaldía municipal. Porque cuando la solidaridad internacional y el esfuerzo local se dan la mano, el tejido social no solo se reconstruye, sino que se vuelve más fuerte que nunca. En Istmina, la paz no se espera: se siembra, se expone, se saborea y se comparte.

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