Ubicación: Quebradón, Iquira, Huila
Entre las montañas de la Cordillera Central de Colombia, ambientadas por cultivos de café,
se encuentra Iquira, uno de los 37 municipios del Huila, Colombia. A unos kilómetros del
casco urbano queda la vereda El Quebradon, de donde es oriunda Olga Lucía Peteví.
Esta mujer huilense, de ojos grandes y sonrisa amplia, tiene 37 años. Es campesina
caficultora. Hace cinco años se encuentra vinculada al proceso que lleva Programa Paz en
su territorio, que lo conoció a raíz de una invitación que le hicieron, la cual aceptó más por
compromiso que por gusto. Pero desde el primer día que asistió se enamoró de este
proyecto.
“Me impactó que hablaran de educación en el territorio, de oportunidades como la
educación virtual y de romper la idea de que solo se podía estudiar en un aula. Desde
entonces, procuré no perderme ninguna reunión, por el conocimiento y por aprender sobre
nuestros derechos”, recuerda Olga.
De pequeña, su entorno se caracterizó por estar cercado por el machismo. Creció con la
idea de que la mujer no necesitaba estudiar, porque iba a terminar en la cocina. En su
adultez, la realidad no fue muy distinta, pues en su relación sentimental este principio
tradicional se mantuvo por muchos años.
“Cuando llegó la Pastoral Social, me dijeron que eso no era normal. A través de las charlas
entendí que las mujeres tenemos sueños y, sobre todo, capacidad de decisión. Eso fue
clave, porque aprendí que nadie más debía decidir por mí”, contó Olga, orgullosa de la
mujer en la que se ha transformado en estos últimos años.
Su primer gran paso fue terminar el colegio, pues solo había hecho hasta quinto de
primaria. Luego comenzó a estudiar un técnico en barismo en el SENA, una institución
pública colombiana que ofrece formación técnica y tecnológica gratuita.
Este camino no fue sencillo, debía viajar todos los días a Teruel, municipio cercano a su
vereda, en un recorrido de cuatro horas diarias. Para estudiar, Olga debía seguir
cumpliendo con el rol de ama de casa y campesina. Tenía que levantarse temprano para
dejar el desayuno y almuerzo listo para su esposo e hijas, además de otras labores.
“Muchas personas me decían que no lo iba a lograr. Incluso mi pareja dudaba. Pero yo ya
tenía claro que sí podía. Fue difícil, pero no imposible. Hoy tengo mi título”.
La vida de Olga desde pequeña estuvo ligada al café. Sus padres trabajaban en fincas
cafeteras como mayordomos, y cuando había cosecha ella iba a recolectar. Luego, junto a
su esposo siguió ese camino y de ahí nació la idea de titularse en barismo.
El logro de su título profesional marcó su vida, no solo porque confirmó su vocación, que se
conecta con su vida en el campo y su historia de vida, sino porque se transformó, se
empoderó y dejó de ver límites. “Con el tiempo entendí algo muy importante: las barreras
no son reales, están en la mente. Esa mentalidad era lo que me detenía. Cuando logré
cambiarla, avancé”, añade Olga.
Hoy tiene su propia marca de café llamada ‘Peteví Coffee’, que está en proceso de registro
oficial antes las entidades de salubridad y de comercio. Además, Olga ha participado en
distintos eventos de catación y promoción de café en el país.
Su sueño más profundo es dejar de ser ama de casa, para dedicarse al fortalecimiento de
su marca: “Entre semana soy mamá, ama de casa y líder; los fines de semana me dedico a
fortalecer mi marca, pues estos días viajo a Neiva, visito casa a casa, muestro mi producto y
enseño la importancia de consumir café de calidad, además de sus beneficios. Mi idea es
demostrar que las mujeres campesinas podemos conquistar escenarios a nivel nacional”.
Olga atribuye estos logros que ha tenido a nivel profesional al apoyo y acompañamiento
constante que ha tenido la Pastoral Social en su transformación.
Aunque su trabajo en el campo es cultivar café, gracias a Programa Paz también aprendió
sobre seguridad alimentaria, por lo que ahora en su casa siembra verduras, plantas
aromáticas y tiene gallinas. Esto ha mejorado su alimentación y su calidad de vida.
A raíz del proceso que Pastoral Social ha llevado en El Quebrado, se creó Asocataleya, una
organización en la que participan aproximadamente 20 mujeres caficultoras, que busca
fortalecer las habilidades técnicas y personales de las participantes
Olga ha asumido un rol de liderazgo en la asociación, es la presidenta. Para muchas
mujeres ha sido un símbolo de resiliencia, valentía y fortaleza, convirtiéndose en un
ejemplo, ya que se ven reflejadas en su historia. Esto la llena de orgullo, y motivación para
seguir capacitándose para acompañarlas en su proceso.
“Para mí, hacer parte de Programa Paz es un orgullo. Es algo muy significativo. Por eso
trabajo para que todo este esfuerzo no sea en vano, para que se vean los resultados y para
que otras mujeres también puedan transformar sus vidas.Mi objetivo también es demostrar
que las mujeres campesinas podemos llegar a grandes escenarios.
Olga tiene tres hijas. Ellas han sido testigos de su proceso. Sin embargo, a veces sus
consejos no eran coherentes con su realidad familiar, pues aunque es una lideresa en su
comunidad, la situación en su hogar era diferente, ya que su esposo era quien tomaba las
decisiones por ella. Hoy considera que ya puede tener más voz y autoridad en su familia.
Poner límites no ha sido sencillo, sobre todo en su relación, pero, ha contado con el apoyo
de Pastoral Social que siempre estuvo para orientarla y acompañarla. En su familia hubo
cambios: su esposo transformó muchas actitudes machistas a raíz de su proceso y sus hijas
ahora tienen un ejemplo real de que los sueños si se cumplen.
Olga finaliza diciendo con orgullo que: “El cambio en mi vida ha sido total. Antes no vivía,
sobrevivía. Sentía que hacía las cosas por obligación, no por decisión. Hoy tengo una vida
plena, me siento feliz porque he logrado lo que he soñado. Sigo soñando: cumplo una meta
y ya estoy pensando en la siguiente”.






