La XXXV Semana por la Paz: ¡Territorios en Movimiento por la Paz!


La XXXV Semana por la Paz: ¡Territorios en Movimiento por la Paz!


Padre Rafael Castillo Torres


Del 4 al 11 de septiembre los colombianos celebramos la Semana por la Paz, como un escenario de múltiples encuentros y a múltiples niveles en el que la movilización social territorial hará visible aquellos procesos y esfuerzo de personas, organizaciones y comunidades, que trabajan por el logro de la paz, la resolución pacífica de los conflictos y la construcción de iniciativas que dignifican la vida.

No hay duda que Colombia vive momentos de esperanza en medio de las expectativas que se han generado con el nuevo gobierno, siendo nuestra mayor esperanza, en esta transición de la Nación, la generación de condiciones ciertas para la reconciliación y la paz con el concurso de todos los actores que creemos que si bien la Patria es un don… la Nación es una tarea.

Los discípulos misioneros, seguidores de Jesús, estamos llamados, durante todo el mes de septiembre y de manera muy especial en el marco de la Semana por la Paz, a celebrar, desde nuestra espiritualidad, identidades culturales, saberes comunitarios y procesos territoriales la cultura del encuentro que nos permita acercar orillas y construir puentes de civilidad que se puedan andar, confiadamente, en ambas direcciones. ¿No será este el camino más acertado de crecer en la sinodalidad como estilo de vida en la búsqueda permanente de la paz y de la reconciliación?

En este esfuerzo, de hace ya varias décadas, de celebración de la Semana por la Paz, nuestro propósito no ha sido otro que responder a una pregunta esencial: ¿Cómo vivir bien estando juntos en nuestros territorios y fructificando cada uno, con su familia, allí donde Dios nos sembró? Es en la comunidad donde se sitúan todos los saberes que deben servir a la felicidad personal, comunitaria y social.

Esta semana por la paz tiene como lema: “Territorios en movimiento por la paz- reconociendo, resignificando y reivindicando”. Es un lema que nos invita a reconocer que Colombia es un país de regiones en las que, no sólo hay una tierra como espacio geográfico, sino también un territorio que es su geografía humana con todos sus valores compartidos y también unas territorialidades que son ese entramado de relaciones y de acuerdos que enmarcan sus identidades y su ethos cultural. 

Territorios en movimiento quiere decir fundamentalmente que, desde la palabra que nos congrega vamos a deliberar, entre todos, la región que soñamos y la Colombia que queremos. Será un reflexionar juntos sobre ese conjunto de valores que nos llenan de sentido, pero también sobre aquellas instituciones para la convivencia social y la construcción del bienestar colectivo.

Desde la Colombia profunda, la que el Papa Francisco llama periferias existenciales, el mayor clamor que sube hasta el centro de la Nación es el cuidado de su gente. Cuidar su Pueblo es el supremo valor político que todo presidente y su gobierno están llamados a respetar. Es función del Estado cuidar la vida y medios de vida de los ciudadanos, lo cual va más allá de la economía; cuidar también la justicia en estos contextos de corrupción e impunidad, así como la participación y la debida atención a las necesidades de los ciudadanos en las diferentes instancias de su vida personal, comunitaria y social. Movilizar territorios es reconocer que nuestra sociedad colombiana no podrá crecer en humanidad sobre la falta de cuidado, de justicia y de igualdad. Y todo ello porque la justicia y el cuidado han sido bienes escasos de nuestra historia de Nación. Una sociedad no cuidada e injusta será siempre violenta producirá violencia y sufrirá violencia.  

Nuestra esperanza es que durante esta semana nos demos la oportunidad de reconocer que Colombia necesita generosidad, cooperación y diálogo, comunicación libre. En una palabra, los valores que construyen la amistad y la fraternidad social.  (Fratelli Tutti # 66)

Valoremos que hoy somos una Nación que respira aires de esperanza. Y lo hace desde sus movimientos sociales de jóvenes y mujeres, de campesinos y artesanos de la vida, desde sus comunicadores populares que cada vez más democratizan la palabra, desde los obreros y desde las empresas que se abren a la nueva genialidad de ser comunidad de personas. Queremos vivir lo social y lo solidario como un nuevo paradigma que nos señale un norte. Sólo nos queda una disyuntiva: reforzar el nuevo paradigma esperanzador o correr el riesgo de que lo peor se haga posible, y lo posible, probable.

A quienes profesamos una fe y nos consideramos discípulos y misioneros de Jesús, los invitamos, en el marco de esta Semana por la paz a reconocer que el agua brota con mayor fuerza cuando viene de la profundidad, lo cual significa que todo lo debemos hacer con espiritualidad. Queremos invitar a cada familia, pequeña comunidad, parroquia, Zona o Vicaría de Pastoral, movimiento religioso, congregación religiosa a que, en esta Semana por la Paz, firmemos este manifiesto que les proponemos inspirado en la Palabra de Dios que es luz para nuestros pasos. En primer lugar, lo vamos a reflexionar y a meditar hasta apropiarnos de él. Luego, en un acto simbólico, lo vamos, todos, a firmar como signo de comprimo ante Dios, ante la comunidad y como signo de Esperanza para una Nación creyente que confía y espera en su Señor.

Manifiesto por la Paz y la Convivencia

  1. Nos alegraremos con los que se alegran y lloraremos con los que lloran. (Rom. 12,15).
  2. Nos pondremos de acuerdo para que no haya divisiones entre nosotros y así podamos vivir en perfecta armonía. (1Cor. 1,10).
  3. Haremos de nuestras conversaciones un momento agradable y de buen gusto, sabiendo cómo tratar a cada uno (Col. 4,6).
  4. No nos vamos a morder ni mucho menos a devorar, para no destruirnos los unos a los otros. (Gál. 5,15).
  5. Nos ayudaremos mutuamente a llevar las cargas, así cumpliremos el mandato solidario de Jesús. (Gál. 6,2).
  6. Nos vamos a soportar mutuamente con caridad. Tratando de conservar la unidad del Espíritu, mediante el vínculo de la paz. (Ef. 4,2-3).
  7. Nos comprometemos a no pronunciar palabras que no edifican. Evitaremos la amargura, los arrebatos, la ira, los gritos, los insultos y toda clase de maldad (Ef. 4,29-31).
  8. Consideraremos a los demás como superiores a nosotros mismos. No buscaremos nuestro propio interés sino el interés de los demás. (Flp. 2,3-4).
  9. Ninguno de nosotros pretenderá devolver mal por mal. Nos esforzaremos por hacer siempre el bien. Estaremos siempre alegres y oraremos sin descanso (1Tes. 5,15-17).
  10. Evitaremos las cuestiones carentes de sentido: estamos convencidos de que solo traen grandes altercados. Como servidores de Dios procuraremos ser amables con todos. (2Tim. 2,23-24).

Finalizada la proclama del manifiesto y antes de su firma, todos y todas, haremos esta suplica en cada rincón familiar y comunitario:

“Señor llévame de la muerte a la vida y de la falsedad a la verdad. Llévame de la desesperación a la esperanza y del miedo a la confianza. Llévame del odio al amor y de la guerra a la paz. Permite, señor, que la paz llene nuestro corazón, nuestras familias, nuestras comunidades y a Colombia entera. Amén.

Gracias por su tiempo