Invitados a celebrar la Fiesta de la Divina Misericordia

1 Abr 2016

Invitados a celebrar la Fiesta de la Divina Misericordia

“Sed misericordiosos como vuestro Padre celestial es misericordioso” (Lc 6, 36)
La fiesta de la Divina Misericordia, que se celebra el 3 de abril, nos invita a hacer el balance de nuestro peregrinar durante este año jubilar. Un año en el que cada cristiano tiene la posibilidad de reconocer el amor misericordioso de Dios en su propia vida, ya que la misericordia es la vía que une al hombre con Dios. Es una realidad concreta en la que Dios revela también su amor: “La misericordia siempre será más grande que cualquier pecado y nadie podrá poner límite al amor de Dios que perdona” (Misericordie Vultus, Papa Francisco. No. 3).

La Fiesta de la misericordia debe ser para todo cristiano, el momento para celebrar la vida, en donde pueda reconocer que Dios es misericordioso y nos ama a todos. Santa Faustina, santa, que reconoce en la misericordia la fuente viva de amor de Dios, nos invita a que: “Tengamos plena confianza en la Misericordia de Dios, y que seamos siempre misericordiosos con el prójimo a través de nuestras palabras, acciones y oraciones […] porque la fe sin obras, por fuerte que sea, es inútil” (Santa Faustina. Diario, 742). Así que, la invitación en esta fiesta es fundamentalmente a celebrar el amor misericordioso que Dios tiene por nosotros y que se manifiesta en su Hijo Jesucristo.

Es el momento de recordar el compromiso que como cristianos hemos hecho a partir de la invitación que el Papa Francisco ha hecho en este año de la misericordia, con el fin de ganar la indulgencia y experimentar la misericordia de Dios, a través de los siguientes momentos:

1. Confesión sacramental, comunión eucarística y oración por las intenciones del Santo Padre.
2. Llamados a realizar una breve peregrinación hacia la Puerta Santa, abierta en cada catedral o en las iglesias establecidas por el obispo diocesano y en las cuatro basílicas papales en Roma.
3. El fiel cristiano debe realizar personalmente las obras de misericordia corporales y espirituales, así obtendrá ciertamente la indulgencia jubilar.
4. Los enfermos viven a través de la enfermedad y el sufrimiento la experiencia cercana al Señor que en el misterio de su pasión, muerte y resurrección.

A partir de estos pasos, las obras de misericordia, tanto espirituales como corporales, son un estilo de vida comprometedor para quienes desean seguir a Cristo, pues nos invitan a vivir a semejanza de Él. Muchas veces nos encontramos en la incertidumbre sobre cómo seguirlo, y la respuesta está en el amor misericordioso hacia el otro. Es por eso, que una de las grandes enseñanzas la dejo Jesús en el lavatorio de los pies de sus discípulos, en donde los invita hacer lo mismo con sus hermanos: “La práctica de las obras de misericordia, será un modo de despertar nuestra conciencia, muchas veces aletargada ante el drama de la pobreza, y para entrar todavía en el corazón del Evangelio, donde los pobres son los privilegiados de la misericordia divina” (Misericordie Vultus, Papa Francisco. No. 15).

En las parábolas dedicadas a la misericordia, Jesús revela la naturaleza y el camino de como Dios Padre jamás se da por vencido en el rescate del ser humano del pecado, en donde la compasión, el perdón y la misericordia se imponen. Hay tres parábolas sobre la misericordia en particular: 1. La oveja perdida; 2. La moneda extraviada y 3. La del hijo prodigo (Lc 15, 1 – 32). Podemos a partir de la reflexión sobre estas tres parábolas preparar nuestra fiesta de la divina misericordia. Así pues, los y las invitamos a vivir la fiesta de la divina misericordia desde la práctica cotidiana del amor misericordioso del Padre reflejado en el otro.

LUIS ANDRÉS BUSTACARA B. PBRO.
Subdirector SNPS Cáritas Colombiana

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