Cada 18 de diciembre, el Día Internacional del Migrante nos recuerda que millones de personas en el mundo siguen dejando atrás su hogar impulsadas por la búsqueda de seguridad, oportunidades y dignidad. En los últimos años, sin embargo, una causa silenciosa y cada vez más determinante se ha hecho visible: la migración por efectos del cambio climático. Sequías prolongadas, inundaciones, pérdida de cosechas, incendios forestales y la degradación acelerada de ecosistemas están forzando a comunidades enteras a abandonar sus territorios para sobrevivir.
Según organismos internacionales, América Latina es una de las regiones más afectadas. En Colombia, las familias campesinas, indígenas y afrodescendientes experimentan de primera mano la alteración de los ciclos del agua, el deterioro de los suelos y el aumento de emergencias ambientales. Cuando el territorio deja de garantizar condiciones mínimas para la vida, la movilidad humana deja de ser una opción y se convierte en un mecanismo de resistencia y cuidado de la vida.
Migración climática y COP 30: un llamado urgente desde Brasil
Este año, durante la COP 30 en Belém do Pará (Brasil), los pueblos amazónicos, organizaciones sociales, comunidades de fe y delegaciones gubernamentales insistieron en una realidad que no puede seguir siendo ignorada:
el cambio climático ya está generando desplazamientos internos y transfronterizos, especialmente en regiones altamente vulnerables como la Amazonía.
La COP recordó que cada hectárea deforestada, cada río contaminado y cada aumento en la temperatura global repercute directamente en las familias más pobres y en mayor riesgo social. También subrayó la urgencia de financiar la adaptación climática, garantizar la justicia ambiental y proteger a quienes deben abandonar su hogar debido a fenómenos climáticos extremos.
Para la Iglesia, estos compromisos se conectan de manera profunda con la visión de la ecología integral, que reconoce la interdependencia entre el cuidado de la creación y la dignidad humana. Allí donde los ecosistemas colapsan, las comunidades quedan expuestas a vulneraciones, explotación y riesgos que amenazan su vida.
Un llamado a la solidaridad y a la acción transformadora
En su encíclica Laudate Deum, el Papa Francisco nos recuerda que “no todos tienen la misma responsabilidad en la crisis climática, pero sí estamos llamados a actuar con decisión y justicia”. En el marco de este Día Internacional del Migrante, esta reflexión adquiere un nuevo significado: la protección de las personas migrantes afectadas por la crisis climática exige políticas públicas integrales, cooperación internacional, fortalecimiento comunitario y un compromiso ético de todos los sectores.
Desde la comunidad de Tierra y Territorio del Secretariado Nacional de Pastoral Social – Cáritas Colombiana, reafirmamos nuestro compromiso con:
- La defensa y promoción de los derechos de las personas migrantes y refugiadas, sin distinción.
- El acompañamiento humanitario, pastoral y psicosocial.
- La incidencia para que los impactos climáticos sean reconocidos como un factor determinante de desplazamiento.
- La construcción de alternativas de adaptación y resiliencia climática junto a comunidades rurales y urbanas en riesgo.
En este día, honramos la valentía de quienes migran y reafirmamos nuestra misión de caminar a su lado.
La migración climática no es un fenómeno futuro: es una realidad presente que exige respuestas humanas, solidarias y urgentes.
Por: Tatiana Avendaño Cuesta.






