El valor del Silencio y la Escucha


El valor del Silencio y la Escucha


Padre Rafael Castillo Torres

El primero de enero del año 2011, en su mensaje para la Jornada mundial de oración por la paz, el Papa Benedicto XVI (QEPD), nos decía: “El mundo tiene necesidad de Dios. Tiene necesidad de valores éticos y espirituales, universales y compartidos, y la religión puede contribuir de manera preciosa a su búsqueda, para la construcción de un orden social justo y pacífico, nacional e internacional”.

Iniciamos el nuevo año con la noticia dada por el señor presidente Gustavo Petro: “Hemos acordado un cese bilateral con el ELN, la Segunda Marquetalia, el Estado Mayor Central, las AGC y las Autodefensas de la Sierra Nevada desde el 1 de enero hasta el 30 de junio de 2023, prorrogable según los avances en las negociaciones. La paz total será una realidad”

Si bien es un anuncio esperanzador, como bien lo ha manifestado la Conferencia Episcopal de Colombia, el consejo Mundial de Iglesias y la comunidad internacional, debemos mantener el realismo a que nos llama la reacción del ELN: “En diversas oportunidades hemos señalado que el ELN sólo cumple lo que se discuta y se acuerde en la Mesa de Diálogos donde participemos. No puede aceptarse como acuerdo un decreto unilateral del Gobierno” y añaden: “En el siguiente ciclo pactado a realizarse en México, está acordado culminar el ajuste de la Agenda. Una vez concluyamos lo que está previsto estamos en disposición de discutir la propuesta de Cese el Fuego Bilateral, para examinar los términos que hagan posible un acuerdo. Entendemos el Decreto del Gobierno como una propuesta para ser examinada en el siguiente ciclo”.  Importante, igualmente, valorar lo expresado, en su voluntad, por las otras organizaciones de mantener lo acordado sobre el cese bilateral al fuego, sin desconocer la complejidad del horizonte socio jurídico que ha de acompañar este camino de las negociaciones y que no se puede simplificar. Si el derecho a la vida a todos nos convida, es bueno tener certezas sobre el alto al fuego entre estas mismas organizaciones.

Es necesario que en esta hora prime la razonabilidad para digerir todo a tiempo. Es el momento de escucharnos, de hacer silencio y de discernir. Estas son las actitudes y comportamientos propios de quienes quieren caminar juntos en función de acuerdos edificantes. A la gente hay que oírla porque tienen mucho que decirnos, sobre todo a las víctimas,  ya que su memoria no es agua estancada. Es  hora de darle reposo a todo ese conjunto de opiniones y comentarios que martillan desde muy temprano nuestros oídos por los medios y redes sociales.  Colombia es una nación donde el ruido, que no tiene excusa, se convirtió en costumbre. No faltan quienes hablen y griten al mismo tiempo. Se invadió la tranquilidad familiar y terminamos siendo un radar que impacta todo el que quiera.  Muestra de ello son los comentarios y foros abiertos por los comunicados del gobierno y del ELN.

Cuando nos acostumbramos al ruido le cogemos miedo al silencio y perdemos ese gran espacio, para la escucha y el discernimiento, que son los caminos que la actual coyuntura le piden a la Nación. Frente a los pronunciamientos y manifestación de voluntades, hacer silencio… es muy necesario.

La antesala de un Dialogo Nacional es la disposición que debe darse, en todos los actores, para saber convivir con el silencio. Hay que aprender a estar juntos y callados en actitud de escucha atenta del otro. ¿Cuántos diálogos no han fracasado en Colombia porque todos queremos hablar cuando en realidad es muy poco lo que tenemos que decir y no sabemos escuchar? ¿Por qué nos apresuramos, casi siempre, cuando hay silencio en la conversación, a llenar apresuradamente con palabras ese momento…palabras que algunas veces pueden resultar vacías y carentes de sentido?

En esta hora, necesitamos de un diálogo sincero, transparente y eficaz en el que las palabras signifiquen algo y los compromisos sean hoja de ruta que al menos traigan consigo los alivios humanitarios que no dan espera: “que la gente se pueda movilizar libremente por sus territorios; que haya un desminado urgente en los caminos y comunidades; que se respete la vida de los líderes sociales, reincorporados y defensores de Derechos humanos; que se pare el reclutamiento de niños y jóvenes y que se detengan las violaciones y abusos contra las jóvenes y mujeres. En una palabra que se detenga el confinamiento de comunidades enteras” (expresiones de las comunidades del Chocó ante su crisis humanitaria). 

El alto Comisionado para la Paz nos ha invitado a darle vocabulario a tres expresiones: Distensionar para dialogar; desescalar para no disparar (es decir no matarnos y quienes tengan piedras en sus manos…por favor soltarlas) y proteger para salvar vidas, empezando por las víctimas.

Estos diálogos, cuyo buen ánimo todos debemos fomentar, necesitan de palabras nuevas llenas de “Espíritu y Vida” y no palabras desgastadas y vacías. Palabras llenas de verdad y transparencia que den un vigor y una fuerza nueva al clamor de paz y reconciliación de esta Nación. Colombia saldrá de esta sala de emergencias, si es capaz de realizar dos acciones muy concretas:

  • La primera es que en cada una de las cinco mesas que se han de abrir, se valore la palabra como la esencia de un buen dialogo por la fuerza transformadora que conlleva cuando se pronuncia con sensatez: reflexión y acción. La palabra, en sí misma, ya es dialogo. Es el mundo problematizado desde el análisis crítico que nos lleva a la acción que hace posible esa otra realidad. Tal vez sea esta nuestra mayor asignatura histórica pendiente.
  • La segunda está en algo muy decisivo como es el deber de cultivar la Buena Voluntad. Cuando hay riesgos graves, hasta los más egoístas deben colaborar con su buena voluntad. Quienes estarán en las mesas saben que al lado de la voluntad del poder…también está la voluntad de convivir de nuestras comunidades. Es la hora de que todos mostremos buena voluntad por ser un capital inestimable. Con la buena voluntad podemos salir adelante. Para los actores de las mesas de dialogo se abre la gran oportunidad que tienen de saldar la hipoteca de buena voluntad que le deben al pueblo colombiano; nosotros, por nuestra parte, procuraremos que en cada rincón de la Nación, la autoestima sea un llamado a la Buena Voluntad.

Gracias por su tiempo