La Minga, una herramienta que une comunidades

La Minga, una herramienta que une comunidades

 

Bogotá, noviembre 23 de 2017. En los últimos días, se ha escuchado recurrentemente la palabra Minga, un término para muchos desconocido, pero para las distintas comunidades ubicadas en las zonas y territorios indígenas y campesinos de nuestro país es más común de lo que se cree.

El origen de esta palabra, según los historiadores e investigadores, proviene del quechua “mink´a”, expresión usada antiguamente por muchas comunidades andinas, para los momentos en los cuales se realizaban los cultivos colectivos agrícolas que daban beneficios a la tribu y que, de una u otra manera, quien participara de ellas debería de estar con la disponibilidad de participar en otro momento. En el contexto colombiano, específicamente para el pueblo nasa, es el  “pi”txya o pi”txyuwe” que es la invitación que hace una comunidad o persona, a otras personas a colaborar un día en el desarrollo de diferentes labores, entre las cuales sobresale la siembra del maíz.

Pero la Minga va más allá de ser solo una combinación de letras que forman una palabra. Es una práctica que al final se convierte en un estilo de vida, despierta en las personas un bien físico y espiritual, además de generar una empatía con cada uno de sus participantes y un arraigo a los territorios donde se realiza, esto por medio de todo el compartir que implica el participar de una Minga, dado que en ellas se realizan otras actividades anexas, que permiten el intercambio espiritual, de saberes y el despertar de muchos de los sentidos y sentimientos del ser humano. No obstante, este estilo de vida ha sido víctima del hombre a causa de la violencia y del estilo de vida consumista que maneja el mundo moderno.

Es preocupante el deterioro que ha sufrido la Minga pues, al igual que algunas especies de plantas o animales, se encuentra en vía de extinción debido al individualismo y la falta de sentido de pertenencia. Sin embargo, la Minga se ha logrado adaptar a las condiciones y día a día busca sobrevivir evolucionando a tal punto que ya se encuentran mingas de control territorial, de trabajo, de pensamiento, entre otras. Cabe resaltar que en distintas regiones del país se vienen gestando acciones que buscan recuperar la Minga como una alternativa de cambio, de ruptura de paradigmas y de potencial para la defensa de los territorios. Su buen uso puede ser una gran herramienta para dar respuesta efectiva a los problemas y desafíos que aquejan a las comunidades.

Actividades como la “Minga Amazónica Fronteriza”, en la cual más de 180 personas (laicos, campesinos, autoridades locales, representantes de la Iglesia) de tres países (Perú, Colombia y Ecuador), trabajan por la Amazonía por medio del compartir espiritual, de alimentos, conversaciones y ejercicios de análisis de realidad que dieron fruto en el “Manifiesto por la protección y defensa de los derechos del Amazonas” que tuvo como fuente de inspiración la encíclica Laudato Si y que se traduce como un comunicado de acción, que como lo expresa la encíclica Populorum Progressio, “la hora de la acción ha sonado ya; la supervivencia de tantos niños inocentes, el acceso a una condición humana de tantas familias desgraciadas, la paz del mundo, el porvenir de la civilización, están en juego. Todos los hombres y todos los pueblos deben asumir sus responsabilidades.” (PP80)

Otro ejemplo de Minga es el que han venido realizando las comunidades indígenas, principalmente en el Cauca y otros departamentos de Colombia, con acciones de hecho por el respeto y cumplimiento de compromisos adquiridos por el Estado con estas comunidades y que en ocasiones ha arrojado resultados positivos, pero que deben manejarse con cuidado puesto que al defender los derechos de una comunidad pueden vulnerar los de otras.

La Minga históricamente tiene un gran potencial y es de gran valor por sus aportes a la construcción de desarrollo comunitario y ser fuente de unidad, comunidad y de solución a los problemas sociales, ambientales, políticos y socioculturales que se presentan en los territorios. Es así como la Minga se convierte en una herramienta de promoción de progreso, tal como lo expresa el Papa Pablo VI en su encíclica Populorum Progressio: “En los designios de Dios, cada hombre está llamado a promover su propio progreso, porque la vida de todo hombre es una vocación dada por Dios para una misión concreta.” (PP15).

Por Alejandro Quiñonez, Especialista de Proyectos

Secretariado Nacional de Pastoral Social/Caritas Colombiana

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